Peatonalizar (o no) la ciudad

La semana del 4 al 11 de diciembre, y como caso excepcional del puente de la Constitución y la proximidad de las fechas navideñas, en  Madrid pudimos asistir a un hecho poco común como es el cierre de la Gran Vía madrileña al tráfico a motor.

Cierto es que el tráfico continuó en dos carriles habilitados para ello pero sólo podían circular autobuses, taxis y residentes de la zona centro de la ciudad.

Como siempre en este tipo de situaciones, las reacciones fueron variadas, desde la aceptación absoluta al mayor de los rechazos. Durante estos días los comentarios que se han podido escuchar por la calle han sido para todos los gustos: “el cierre de Gran Vía perjudicará a los comerciantes: si no vas con tu coche compras menos, no vas a cargar con todo”; o en el lado apuesto, “La verdad que este año es mucho más cómodo moverse por Gran Vía, hay espacio y no te chocas con la gente”; etc.

A falta de datos disponibles en lo relativo al comercio durante los días del corte, todo apunta a que las ventas en los comercios de la Gran Vía y alrededores han aumentado (o no, depende del diario consultado). Por lo que no me extraña que los comerciantes se posicionen a favor de la peatonalización de esta icónica calle. No menos cierto es que la medida se podría haber implementado de una manera más eficiente y coordinada, los cruces en muchos casos suponían una dificultad y un peligro tanto para peatones como para conductores. Y eso por poner un ejemplo, porque la falta de coordinación entra ayuntamiento, comerciantes y vecinos de la zona ha dado sensación de que la medida era totalmente improvisada, dando la razón a los detractores.

Pero independientemente de todas estas cuestiones tanto económicas como de organización, lo que sí me gustaría es centrarme en el apartado medioambiental y de salud. En esto de la lucha contra el cambio climático y la disminución de la polución en las ciudades vamos muy retrasados. No es que lleguemos tarde para controlar este problema, sino que el problema amenaza con desbordarnos si no se hace algo de manera eficiente. Según datos analizados en las estaciones de medición de contaminantes cercanas a Gran Vía, la cantidad de NO2 se ha reducido aproximadamente en un 32% en comparación con años anteriores por estas mismas fechas y en días previos al corte. Es decir, no sólo se ha mejorado el índice de emisión, (que se traduce en mejoras medioambientales), sino que también, la exposición de las personas que esos días se movían por el centro al NO2 ha sido menor, lo que se traduce en mejoras para la salud (el NO2 aumenta el riesgo de aparición de síntomas respiratorios como bronquitis aguda, tos y flema).

El problema principal es que nos han hecho creer que podemos acceder con nuestro coche a cualquier lugar, o ¿no pagamos impuestos para ello? Es un problema cultural, cambiar los hábitos de una sociedad siempre es complicado. Pero lo que se debe entender es que el coche sólo es un medio de transporte, innecesario en muchos casos para moverse por ciudades como Madrid que cuenta con un increíble sistema de transporte. Debemos entender que sacar un coche de nuestro garaje para viajar al centro de las ciudades es una acción que no sólo nos involucra a nosotros, sino también, a todas las personas de esa ciudad, a las cuales estamos perjudicando al contaminar el aire que respiran y por lo tanto, empeorar la calidad de vida.

Como siempre, estas medidas encuentran la oposición de un número importante de ciudadanos, que casualmente son usuarios del vehículo de manera habitual para moverse por la ciudad. Lo que queda claro es que la mejor manera de inducir desde las instituciones al cambio de modelo de movilidad es legislar y aplicar medidas que conduzcan a una movilidad sostenible. Todo lo anterior no sólo incluye el cierre del centro de las ciudades a vehículos a motor, sino también el fomento del coche eléctrico aumentando los puntos de carga, así como el compromiso de las ciudades para innovar y mejorar sus flotas de transportes con un cambio progresivo hacia vehículos eléctricos o híbridos que son mucho menos contaminantes.

En conclusión, la transformación hacia ciudades más eficientes, más limpias y menos contaminadas, está en manos de todos, desde ayuntamientos hasta en cada uno de nosotros. Usar el transporte público en lugar del coche particular para desplazarse en la ciudad es una manera de colaborar a solucionar el problema. El Mundo se encuentra delante de un reto inmenso como es la lucha contra el cambio climático y las ciudades, en las que se esperan que viva el 80% de la población en el año 2040, son las que afrontan el mayor reto para cambiar el modelo de movilidad que hasta el momento se ha llevado a cabo.

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